"El caminante" (1979)



Esta obra dirigida, protagonizada y escrita, de propio puño y letra, por Paul Naschy / Jacinto Molina, nace como respuesta emocional a un momento de su vida plagado de decepciones. Esto puede explicar el absoluto rencor y desprecio con que se trata y retrata en ella al género humano, dando lugar a una pieza sumamente misántropa, una especie de Lazarillo de Tormes  dirigido por Paul Verhoeven.

Porque la Edad Media que aquí se nos presenta está próxima a la de títulos como "Los señores del acero", una Edad Media que huele a sociedad agraria ausente de alcantarillado. Donde la falta de higiene y moral de la época sí logra transmitirse al espectador. Donde los pícaros aprovechan que no hay testigos, una Europa con tantos habitantes como puede tener ahora España, desprovista de un sistema de información global. El escenario donde la peor de las plagas, el ser humano, lucha por destacarse sobre las demás. Marco incomparable en el que autoproclamarte amo y señor y empezar a ejercer el derecho de pernada.

Esto mismo decide hacer el Diablo quien, encarnado en Leonardo (Naschy), comienza la tourné, que subtitula el film, con intención de someter, humillar, fornicar o comer todo lo que se ponga en su camino. Malas artes, ajusticiamientos por la espalda, sexo con minusválidas y monjas, curandería, engendros diabólicos, ciegos que sufren bromas escatológicas, proxenetismo homosexual, violaciones o crucifixiones. No hay compasión por los aliados y menos por los enemigos. Pero al final, a todo a quien gane.

Y es que no es una obra redonda, como demuestran el intento de homenajear (o plagiar) a Kubrick que más bien parece un guiño a Benny Hill, su cansino discurso anticlerical o el mariquita estereotípico. Pero acaso no está la picaresca nacional más cerca del rechoncho cómico británico que de "La naranja mecánica".

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