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“Young Adult” (2011)




El término Young Adult refiere a un target específico dentro del mundo editorial de tirada masiva, el compuesto por adolescentes con edades situadas entre los diez y los veinte años, su temática como cabría esperar se limita a reproducir la cotidianidad del entorno de los jóvenes, sus conflictos y sus dilemas. Igualmente la locución es utilizada en diversos tratados de psicología social o libros de autoayuda de mayor o menor entidad para apuntar a los que flotan en esa laguna situada entre los veinte y los cuarenta años, una etapa de la vida que al parecer trata de emanciparse en busca de su propia identidad, al igual que los que se encuentran en ella. Ambas acepciones vendrían a componer la realidad vital y laboral de la protagonista, una ghost writer de novelas de explotación adolescente en los treinta y tantos.
Ciertos tratados de psicología social también enfatizan en distinguir entre los términos inconformista y anticonformista. El inconformismo supone un sinónimo de autonomía, una auténtica afirmación de la experiencia propia, mientras el anticonformismo constituye una oposición activa a la comunidad, la disidencia de la norma colectiva es compulsiva y hostil, por lo tanto no es independiente del grupo ya que se define en oposición a éste. La desobediencia adolescente sería un claro ejemplo, lo que Lisa Simpson llama "otro rebelde conformista". Es probable que la protagonista del film alcance su perfecta descripción en la definición de este vocablo, sobre todo si atendemos a su pueril y ajenamente vergonzoso viaje a su pueblo natal en busca de su primer amor, que ha sido padre recientemente y está felizmente casado. 
También es probable atendiendo a lo expuesto anteriormente que en realidad no exista semejante nueva etapa enmarcada entre la adolescencia y la madurez, estaríamos hablando más bien de una prolongación de la pubertad y sus vicios anticonformistas, y es que en definitiva el viaje que se nos presenta no es una cruzada romántica, es una reafirmación personal, solo que como buena pubescente la protagonista no es capaz de completarla de forma autosuficiente requiere su oposición a lo común, existir en base a manifestar lo que ella ha decidido no ser aunque nadie quiera oírlo.
Esta misma figura anticonformista vendría a representar Diablo Cody, la guionista del fim, dentro del establishment hollywoodiense, un ente moderadamente contestatario de mensaje liviano y poco comprometido que sabe llamar la atención dentro de un entorno acotado por unas normas no escritas ciñéndose al arquetipo que esperan de ella, algo así como la traslación artístico profesional de la chica del colegio que escupe y dice tacos. Pocos años atrás ya se ganó el puesto vacante de enfant terrible femenina gracias a su "personalidad" y su primera colaboración con el también director de esta película Jason Reitman. Juno (Jason Reitman, 2007) ya mostraba una serie de personajes de una inmadurez irredenta y frivolizaba los escasos momentos de autocrítica rematándolos con un humor autocomplaciente que distendía cualquier invitación a la reflexión, una ambigüedad bastante prefabricada en absoluto criticable siempre que la narración funcione como una exposición de los hechos y no como un alegato. 
Desgraciadamente estos tics alcanzan el paroxismo en Young Adult (Jason Reitman, 2011) rozando la propaganda de un estilo de vida inmaduro. Si el discurso buscaba plasmar una situación de forma plural y objetiva en pos de que cada espectador sacase sus propias conclusiones, su tendencia al "porque yo lo valgo" acaban por convertirlo en un manifiesto parcialista, esquizofrénico y autoindulgente que invita a despreciar lo corriente a pesar de depender de ello. La exposición final no deja lugar a dudas, debemos internalizar el lugar que la sociedad nos ha adjudicado de forma inapelable, ya sea por conformidad o antagonismo, pero siempre sin cuestionarlo. 

Publicado en Cinecritico

"Winx Club 3D: Magica Avventura" (2010)



Es estrategia habitual por parte de los productores de programas destinados a los más pequeños regalarnos periódicamente algún capítulo de sus creaciones estirado en relación a su duración habitual y/o implementado formalmente. Disfrazado de largometraje encuentra su hueco como producto exclusivo en el prime time del viernes de algún canal temático infantil, en la distribución directa en DVD, o en ambos simultáneamente. Los grandes imperios de la cultura pueril no son ajenos a ello, probablemente incluso promueven estas técnicas de explotación más que nadie, cómo no lo haría pues el creador de este subproducto imitativo.

Winx Club es una serie de animación desarrollada por la productora Rainbow S.r.l.  que se encarna en Iginio Straffi ilustrador y animador de origen italiano. Repasando su biografía descubrimos que su pluma estuvo a disposición del cómic Nick Raider y que participó de forma ocasional en la publicación de fantasía y ciencia ficción Metal Hurlant, creada en 1974 por el colectivo Les Humanoïdes Associés integrado entre otros por Moebius, cuya edición americana, Heavy Metal inspiró la película homónima de 1981, dato sorprendente cuando menos teniendo en cuenta lo que nos ocupa. Hace cuatro años esta serie eyectó su primer "especial" Winx club - Il segreto del regno perduto (Winx club - El secreto del reino perdido, 2007), donde la habitual animación bidimensional de escasa factura del serial  evolucionaba hacia una volumétrica digital, igual de paupérrima en cuanto a calidades.  Como era de esperar en su nueva aventura, a la consabida computerización de segunda división de sus personajes y escenarios, se añade el reclamo de la tecnología 3D.

Como Straffi explica en la web de su productora Winx Club (el producto, no solo la "película") está ideado como objeto de consumo "tween", término con el que la industria del marketing designa al consumidor preadolescente, entre la infancia y la juventud, el cual según los postulados que rige esta doctrina comienza a desarrollar necesidades sociales y deseos específicos, pautados mayormente, por una constante mutación física y emocional. Y esta metamorfosis acotada al género femenino es la que subyace de forma constante en esta obra, lo que eufemísticamente llamamos "pasar de niña a mujer". Envuelta en un halo de fantasía new age nos invita a acceder a un plano de conciencia elevada, de fuerte carga simbólica, representado por un mundo de ensueño donde todo lo social se reduce a ideas puras de corte tradicionalista casi premoderno. Este discurso de la (incipiente) sexualidad femenina como arquetipo mítico - divino engendrada por una literatura que adquiere su síntesis perfecta (e irónica) en el inexistente volumen Mujeres que corren con los lobos que Eric Cartman usa como guía de iniciación al mundo de las "diosas" en el episodio de South Park Are You There God? It's Me, Jesus (¿Estás ahí Dios? Soy yo, Jesús, 1999),  se hace palpable en el enorme y vivo ying - yang (su emblema por antonomasia) que se enraíza y erige en el árbol que gobierna la estabilidad de este mundo de fantasía.

Esta representación de la feminidad falsamente progresista y en principio inocua, que no inofensiva, entrevera de forma perfecta con un discurso de corte mítico - tradicionalista que queda diluido por la presencia de elementos mágicos. O en palabras más sencillas, hace que Barbie: Princess Charm School (Barbie: Escuela de Princesas, 2011) parezca un alegato de emancipación feminista y desde luego un relato que, aunque infantilista y almibarado, encaja con la realidad social general y consumista en la que se enmarca. Aviso, solo recomendable para incondicionales de la serie.
Publicado en Cinecritico